Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didácticos
Todo parece indicar que la temperatura media de nuestro planeta ha ido en aumento en los últimos años. Son muchos los modelos informáticos utilizados para analizar dichos cambios, si bien dicho aumento se puede deber a factores naturales,lo cierto es que existen altas probabilidades de que se deba a las mayores concentraciones de gases con efecto invernadero producto de la acción humana.
La temperatura media de la tierra creció aproximadamente 0,6º C en los últimos ciento treinta años, y muchos científicos están de acuerdo en que la contaminación provocada por las mayores concentraciones de anhídrido carbónico y otros elementos en la atmósfera incrementan el efecto invernadero, constituyendo éste la causa principal de dicho aumento de temperatura.
Denominamos comúnmente efecto invernadero a la retención del calor irradiado por los mares, océanos y masas continentales. Este efecto hace que la temperatura media de la superficie de la Tierra sea 33º más alta que la que tendría de no existir gases en la atmósfera causantes de dicho efecto, siendo los más importantes el vapor de agua, el ozono, el dióxido de carbono, los clorofluorocarburos, el metano y el óxido nitroso.
La temperatura media en la Tierra es de aproximadamente 15º C y si la atmósfera no existiera sería de alrededor de –18º C, gracias al efecto invernadero la energía que llega a laTierra es mantenida por más tiempo junto a la superficie manteniendo la temperatura de ésta más elevada.
El incremento de la concentración del dióxido de carbono, como así también de los gases en la atmósfera pueden alterar la temperatura de la Tierra, haciendo que en algunas regiones ésta aumente, con el consiguiente derretimiento de los hielos, aumento del nivel de las aguas, de las precipitaciones en las zonas lluviosas e incremento de aridez en las zonas áridas.
Los cambios de climáticos en nuestro planeta siempre existieron, pero en general se caracterizaron por ser más lentos, permitiendo de ese modo la adaptación gradual de los seres vivos a los mismos. Hoy constituyen una gran preocupación los efectos que causarán en nuestro planeta tales cambios.
Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didácticos
La lluvia adopta en algunas regiones un carácter complejo y amenazador al mezclarse en el aire con sustancias contaminantes derivadas del azufre y del nitrógeno, haciendo caer diluidos con ella ácidos sulfúrico y nítrico amenazando bosques, monumentos y nuestra salud.
Se trata de un fenómeno ya conocido desde hace mucho tiempo. El término lluvia ácida le fue dado por el químico Robert Angus Smith al referirse a la contaminación que ocurría en la ciudad Manchester de Inglaterra.
La lluvia en su estado normal contiene ácido carbónico proveniente del dióxido de carbono del aire que se disuelve en el agua que cae. Ello hace que la lluvia sea algo ácida, con un pH entre 5 y 6.
El problema de la acidificación surge cuando la atmósfera contiene grandes concentraciones de óxidos de azufre y nitrógeno, como consecuencia de las emanaciones provenientes de la actividad industrial, centrales eléctricas, automotores y quema de combustibles fósiles, los cuales al mezclarse con el agua son transformados en ácido sulfúrico y ácido nítrico, que al caer junto con las precipitaciones, ya sea en forma de lluvia o nieve, reciben el nombre de lluvia ácida, y al caer en forma de partículas secas, reciben el nombre de deposición seca. En estos casos los valores del pH varían entre 4 y 2, grado de acidez comparable con el limón y el vinagre.
Las precipitaciones ácidas en las regiones industriales son mucho más elevadas que las que ocurrían en la época de la revolución industrial, y además, los vientos pueden transportar a grandes distancias los compuestos ácidos contaminantes existentes en la atmósfera, para luego depositarlos en algún lugar, provocando la acidificación de fuentes de agua, suelos, reducción de la productividad e incluso la pérdida de vida vegetal y animal, problemas de salud en el ser humano y corrosión de materiales usados en la construcción de edificios, obras y monumentos.
El ser humano ha buscado soluciones a este problema, siendo la única solución duradera la reducción de las emisiones de los contaminantes, lo cual aún no se ha logrado.
Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didáticos
Las explosiones y los accidentes nucleares constituyen las más peligrosas causas de dispersión de contaminantes nucleares en la atmósfera, pues las partículas radiactivas pueden ser arrastradas por el viento, incluso a grandes distancias, siendo depositadas en el suelo, agua y organismos vivos.
El 26 de abril de este año se cumplieron veinte años del accidente nuclear ocurrido en Chernobyl. Es muy difícil contar a las víctimas que produjo este desastre debido a que la radiación sembrada aún sigue manifestándose. Entre los más afectados están los niños, conocidos como los niños de Chernobyl, y aún hoy continúan naciendo bebés con labios leporinos, retraso mental, insuficiencia cardíaca u otras anomalías.
La fuga radiactiva provocada por la explosión del reactor duró aproximadamente diez días, durante los cuales se extendió sobre gran parte de Europa debido a la acción de los vientos, los cuales distribuyeron los isótopos radiactivos en un área de 200.000 km2. Bielorrusia, país vecino a Ucrania, fue el más afectado pues sobre él cayó el 70 % de la radiación.
Se estima que los dos radioisótopos más peligrosos de Chernobyl, el cesio 137 y el estroncio 90, permanecerán contaminando el ambiente durante decenios, y aún tratan de solucionarse los problemas vinculados a la contaminación debida a las filtraciones por las fisuras del reactor, al cual tratan de encapsular como se pueda. El sarcófago es sumamente radiactivo, y uno nuevo será construido a cierta distancia, el cual será arrastrado mediante grúas operadas a control remoto, cubriendo así el viejo sarcófago a desmantelar.
El desmantelamiento de las centrales nucleares, cuya vida útil es muy corta, y el almacenamiento de los residuos radiactivos constituyen serios problemas que el ser humano aún no puede definitivamente resolver sin seguir poniendo en riesgo la naturaleza.
Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didácticos
Además de las radiaciones de origen natural, el ser humano está expuesto a fuentes de radiaciones que él mismo ha creado, como son los radioisótopos utilizados en la industria, la medicina y la producción de energía nuclear, como así también a los residuos que estas actividades generan.
Los isótopos radiactivos o llamados también radioisótopos son aquellos cuyos núcleos atómicos tienen la propiedad de emitir radiaciones, su utilidad depende de sus propiedades, del tipo de radiación que emiten, la energía de ésta y su vida media.
Existen las radiaciones naturales o también llamadas radiaciones de fondo como son los rayos cósmicos, los minerales y materiales radiactivos que se encuentran en la corteza terrestre, en el aire e incluso en los alimentos que consumimos, como así también las radiaciones provenientes de radioisótopos artificiales creados por el ser humano.
La primera utilización experimental de los isótopos radiactivos tuvo lugar en Austria en el año 1913. Existen diversas maneras de obtenerlos, y la más común es irradiando materiales dentro de un reactor nuclear. Pero el problema radica en qué hacer con los residuos nucleares que dicha actividad genera dada su alta peligrosidad.
Muchos isótopos radiactivos son hoy utilizados para numerosos fines en medicina, en la actividad agropecuaria e industrial y en la investigación científica. Algunos de los más utilizados para hacer diagnósticos en medicina son: Yodo 131,Tecnecio 99, Cromo 51, Arsénico 74, Cobalto 60 y Sodio 24 entre otros.
De acuerdo a la duración de una radioisótopo, es decir, el tiempo que tarda en reducirse su masa a la mitad, se pueden clasificar en isótopos de corto tiempo, los de tiempo de desintegración intermedio y los de larga duración, cuya desintegración puede producirse en miles o millones de años.
Las centrales nucleares pueden eliminar elementos radiactivos en estado gaseoso, como así también junto con el agua que utilizan para el enfriamiento de los reactores nucleares, al ser muchas veces arrojada a los ríos, arroyos y otras fuentes de agua pasando los contaminantes de este modo a las cadenas alimentarias y pudiendo acumularse biológicamente afectando la salud.
El mayor riesgo de los residuos radiactivos se debe a su capacidad de emitir rayos y partículas, que al entrar en contacto con los átomos de la materia viva los ionizan. Debido a la radiación se generan radicales libres, ruptura de enlaces químicos y producción de otros nuevos, además de cruzamientos entre moléculas, produciendo directa o indirectamente modificaciones en el material genético.
Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didácticos
La atmósfera en un amplio reservorio donde diversos contaminantes se esparcen y distribuyen muchas veces a grandes distancias. El gran crecimiento demográfico, las actividades industriales y la obtención de diferentes tipos de energía han contribuido en gran medida a su incremento y difusión.
Al hablar de contaminación atmosférica nos referimos a la condición en la que ciertas sustancias alcanzan concentraciones lo suficientemente elevadas como para producir un efecto mensurable en los seres vivos y en los materiales.
El término contaminación proviene del latín contaminare, que significa alterar o dañar alguna sustancia, su pureza o el estado de alguna cosa, pudiéndose transformar en contaminante atmosférico cualquier elemento, compuesto químico o material, ya sea natural o artificial, que pueda permanecer en el aire o ser arrastrado por él, incluso a grandes distancias.
Los contaminantes presentes en la atmósfera proceden principalmente de fuentes naturales como ser la erupción de volcanes, incendios forestales, fuertes vientos, vegetales, tanto vivos como en estado de descomposición, incluso el suelo y el mar, pero también existen aquellos provenientes de fuentes antropogénicas, es decir, aquellos provocados por las actividades humanas, cuyos efectos son los más nocivos a largo plazo.
La actividad industrial ha contribuido en gran medida a la incorporación en la atmósfera de sustancias minerales altamente contaminantes, como arsénico, cadmio, níquel, plomo, asbesto, berilio, cromo, flúor y mercurio, las cuales también se incorporan al suelo y al agua, afectando seriamente la vida de los seres vivos.
El problema de la contaminación atmosférica ha generado una creciente preocupación debido a que su capacidad de autodepuración parece tener sus límites y el aumento de las emisiones de contaminantes a la atmósfera está alterando el normal equilibrio de los ecosistemas, provocando alteraciones en la salud, como así también los temidos cambios climáticos globales.
Por María Luisa Sarli
Foto de barrameda.com para fines didácticos
La degradación de la cuenca del Río Matanza-Riachuelo afecta aproximadamente a cinco millones de personas. Existen miles de industrias que descargan allí sus efluentes, la mayoría de ellos sin haber recibido los adecuados procesos de depuración.
El Río Matanza-Riachuelo es considerado uno de los más contaminados del mundo. Debido a que en su cuenca se localizan alrededor de tres mil industrias, sus aguas reciben diariamente 88.500 metros cúbicos de desechos industriales, además de 368.000 metros cúbicos de aguas residuales domésticas. El 30 % de la contaminación proviene de las industrias farmacéuticas, químicas y petroquímicas, y un 3 % de la industria de bebidas alcohólicas y curtiembres.
La contaminación del Riachuelo no es reciente, pues se inició en los siglos XVII y XVIII debido el auge de los saladeros, los cuales ya desde entonces arrojaban los residuos orgánicos a sus aguas. El primer intento de saneamiento del río fue en 1830, cuando se prohibió tirar en él los desperdicios de los saladeros. En 1872 debido a la epidemia de fiebre amarilla los saladeros fueron erradicados y las aguas del río se limpiaron a tal punto que hasta se organizaban en él regatas. Pero más tarde volvió a contaminarse debido a la instalación en su cuenca de los primeros frigoríficos, industrias y las sustancias contaminantes aportadas por los barcos que circulaban en la zona de la Boca.
Debido a que el río y sus arroyos afluentes atraviesan numerosos partidos bonaerenses, existen distintas legislaciones con respecto al control de su contaminación. Sobre la cuenca del Río Matanza-Riachuelo tienen jurisdicción nueve entes nacionales, ocho provinciales, ocho de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y catorce municipios. Demasiados entes, pero ninguna solución, sólo algunos proyectos.
Las empresas continúan volcando a diario sus residuos tóxicos en él, y se sabe que ochenta de las tres mil que existen a su alrededor son las responsables del 80 % de la contaminación. De modo que nunca se podrá limpiar lo que no se deje de ensuciar.
Por María Luisa Sarli
Foto de National Geographic para fines didácticos
La contaminación del agua de los ríos bonaerenses se ha convertido en un problema muy serio por resolver, pues las concentraciones de contaminantes exceden ciertos límites habiéndose ya agotado en muchos casos el oxígeno disuelto en el agua y sin oxígeno no hay vida.
La causa de esta contaminación de las aguas se debe principalmente al aumento demográfico urbano sin los adecuados sistemas de eliminación de aguas servidas, y a la existencia de cantidad de industrias que requieren cada vez mayor cantidad de agua y la devuelven a la fuente de origen, pero llena de contaminantes.
Las sustancias arrojadas a los ríos son atacadas por microorganismos, especialmente bacterias aerobias, las cuales utilizan gran cantidad de oxígeno. De este modo si el agua está suficientemente oxigenada, ésta puede limpiarse por sí misma, pero si la concentración de contaminantes es excesiva, las bacterias aerobias son reemplazadas por las bacterias anaerobias, las cuales degradan el oxígeno dando lugar al inicio de la putrefacción de las aguas.
Según la Organización Mundial de la Salud son muchas las enfermedades transmitidas a través de las aguas contaminadas. El agua contaminada transporta metales y sustancias tóxicas que se van acumulando en el organismo afectando al mismo de diferentes maneras, provocando distintas enfermedades y no sólo trastornos infecciosos.
A nuestro Río de la Plata lo hemos convertido en uno de los reservorios de desechos naturales y también industriales que aportan una enorme cantidad de sustancias tóxicas. En él los peces presentan altos niveles de sustancias químicas como bifenilpoliclorados, las cuales son muy nocivas.
En la franja costera sur desde la desembocadura del Río Luján hasta el puerto de La Plata se han detectado concentraciones de amonio, nitritos, fósforos y bacterias, los cuales provienen de desechos cloacales, y sustancias como cromo, cadmio y hierro, provenientes de la actividad industrial.
En la cuenca del Río Matanza-Riachuelo abundan bacterias como la escherichia coli o laklebsiella pneumonae, muy peligrosas para la salud humana, como así también altas concentraciones de metales como plomo y tolueno, entre otros, que pueden producir alteraciones orgánicas sumamente serias.
La mayor parte del agua que consumimos proviene de las mismas masas de agua en las que son evacuados los efluentes cloacales e industriales, tal como ocurre en el Río de la Plata.
Nuestro país aún no dispone de medidas de control adecuadas y es importante que tomemos conciencia de ello y aprendamos a proteger nuestras fuentes naturales.
Por María Luisa Sarli
Mapa de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable para fines didácticos
El acuífero Guaraní constituye una de las más importantes reservas renovables de agua dulce subterránea del mundo, y dada la escasez de agua en el planeta, varios países y empresas vinculadas a la industria del agua han puesto sus ojos sobre esta estratégica reserva sudamericana.
La explotación de las reservas de agua subterránea comenzó en el siglo XIX y su explotación se intensificó cada vez más debido a la utilización de nuevas técnicas en perforación y bombeo a gran profundidad.
Existen dos clases de acuíferos, los llamados acuíferos libres, que están cubiertos por terreno permeable, y los acuíferos fósiles, cubiertos por terreno impermeable, con sus aguas cautivas y su volumen casi invariable. El acuífero Guaraní es de aguas renovables extendiéndose entre los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay y con una superficie de aproximadamente 1.194.000 km2, pero si se extrae de él más agua de las que las alimenta de forma natural, se correrá el riesgo de agotarlas.
No todos los acuíferos son explotables debido a la gran profundidad a la que se encuentran. Los costos de extracción se elevan a medida que desciende el nivel del agua, sobre todo cuando se requiere de tecnología cada vez más avanzada en las estaciones de bombeo y cuando la productividad de los pozos disminuye.
Se estima que la utilización de los recursos de agua no renovables finalizará durante este siglo. Cabe aclarar que si bien resulta incorrecto decir que estos recursos no son renovables, puesto que teniendo en cuenta el ciclo hidrológico, el agua extraída no se pierde, sino que se transforma, no debemos olvidar que la estructura geológica que contiene a estas valiosas aguas, puede sufrir alteraciones irreversibles como ser la compresión del terreno o la infiltración de agua salada, si la explotación es intensiva. Por ello, este tipo de explotación de reservas de agua es comparable a la extracción de minerales.
El aprovechamiento de los acuíferos plantea a los países que los contienen el dilema de evaluar los yacimientos, prever los efectos que esa extracción puede provocar en el futuro y establecer legislaciones adecuadas que los protejan de la codicia externa.